martes, 7 de marzo de 2017 a las 18:23
Es un martes por la mañana en Patraix y, como siempre, me asombra la cantidad de gente que hay por las calles en horario laboral. En el Excel·lent Café, una camarera le dice a un señor con sombrero que ella ha vivido en muchos sitios, pero siempre será "de la terra". Unos metros más adelante, dos señoras cotillean en medio de la acera, obligando a los transeúntes a desviar su camino. Los viejos edificios del barrio toman plácidamente el sol, indiferentes al peso del polvo, el color desvaído de los graffitis y la melodía amortiguada del afilador. Nunca he vivido en estas calles, pero sé dónde está cada lugar. Veo el rótulo amarillo de Correos y entro con el corazón palpitando en las sienes. La llave hacia mi próxima aventura espera en una estantería, con la etiqueta de "urgente" en el envoltorio. Cuando la vida acelera así, la memoria graba instantes que en otras circunstancias te pasarían desapercibidos. "Esta es la belleza de la cotidianidad que estás a punto de perder, disfrútala", parece decir.
jueves, 16 de febrero de 2017 a las 0:47
con mi traje de amazona
y mis flechas a la espalda
mantengo a cupido a raya
por si una noche me llamas

y qué placer viajar sola
sin nadie más en la cama
y encontrar los mañanas
soñando que volverás

hasta que un día estorban
las esperanzas cansadas
qué coño esperabas
de un jodido gañán

y lo mando a tomar todo por culo
y a la poesía también
viva la prosa

martes, 14 de febrero de 2017 a las 23:54
Me di cuenta el otro día:
siempre tengo un plan de huida.
Quiero ir a Nueva York
y leer en la lavandería,
sentirme como Marla Singer
cuando no se fumaba la vida

Pero más veces que menos
me rebosan los ojos tristes;
parece que estamos tan lejos,
tan inalcanzable tu caricia,
que rompo mis planes y vuelvo
a vencerme en libre caída.
sábado, 4 de febrero de 2017 a las 1:37
Lo nuestro nació como lo hacen las cosas más importantes en la vida: por casualidad. Era esa semilla viajera que acaba brotando en el recoveco de dos parches de asfalto de una carretera en el desierto. Lo nuestro era una maldita planta salvaje que no se dejaba morir por las circunstancias, superviviente al pisoteo, a las insolaciones y las tormentas. Nunca había manos que la pudieran arrancar de cuajo si le quedaban suficientes reservas en la raíz. Quién lo hubiera dicho. Que me diría que quería besarme rodeados de gente una noche de verano, y yo me haría la loca. Que esas palabras encenderían una llama hecha a prueba de juegos olímpicos. Y que sus actos enfadarían hasta a los dioses del Olimpo. Pero aún así, después de todo, quedarían reservas en las raíces de la maldita planta salvaje. Quién me lo hubiera dicho.
martes, 3 de enero de 2017 a las 1:26
Las estaciones son lánguidas aquí
Tienen la sangre de horchata
Invierno, otoño,
verano, primavera
Y también viceversa.
Quiero volver a esa tierra
De hojas secas
Y paisajes inmaculados
 Quiero volver a ese mar
De futuros no escritos
Y pasados olvidados
 Y volver a escribir
Y volver a sentir
Y volver a tener
16 años
sábado, 31 de diciembre de 2016 a las 16:15
Últimamente llego al 31 de diciembre pensando "qué año tan raro", pero nunca concluyo que ha sido genial, o que ha sido una mierda. La vida no es eso, ni un camino de rosas ni una angustia constante. Estos 12 meses de 2016, a mí sobre todo me ha tocado decidir: lo que quiero y lo que no. Yo soy de las de crear oportunidades para que ocurran cosas, y tantas que han ocurrido. Me he divertido con todos mis planes y sueños; y si no han podido cumplirse aún, los dejo en reserva. Lo que tengo claro es que termino el año feliz, sonriente, estando donde quiero estar. Y ese también es un gran plan.
martes, 6 de diciembre de 2016 a las 20:33
llega la noche en que
las lágrimas se han secado
y cuanto más grande el océano
menos te importa su tamaño

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