miércoles, 27 de noviembre de 2013 a las 23:51
Escucho la lluvia caer fuera y me pregunto si tú también la escucharás. Si la hueles, y sientes que te cala en los huesos. Me duele en el alma imaginarte a cientos de kilómetros, solo, a oscuras, donde te dejé. Ahora, en un universo paralelo, nos acurrucaríamos bajo la manta en tu cama y escucharíamos juntos la misma lluvia, el mismo olor a tierra mojada. Pero no. Me fui, y conmigo me llevé nuestras sonrisas del principio, y tú te quedaste con mis malas caras y mis lágrimas del final. Aún así, me sigue doliendo el alma.
martes, 19 de noviembre de 2013 a las 22:34
Al boli que le robé se le ha acabado la tinta. Casi al mismo tiempo que al corazón que me robó se le ha acabado la paciencia.
lunes, 18 de noviembre de 2013 a las 22:45
I shot for the last time. My last shot at it. No more bullets. I gave it three shots but there's no distance that a human being can save. And if life is itself a journey, then there is no salvation for love.
viernes, 1 de noviembre de 2013 a las 13:10
Cuidado con lo que deseas, podría hacerse realidad. Ni en las mejores películas (cortas) me habría imaginado tu vuelta. El día de todos los santos. Tú (o tu fantasma), siendo un pobre diablo. Se superponen dos negativos de recuerdos en mi memoria: una bici, el fragor de las luces nocturnas a través de un vaso vacío, perder el rumbo. Anoche perdí el rumbo y, por suerte, o por desgracia, no hubo pirata que me secuestrara en el camino, que respondiera a mi canto de sirena. Una mera ilusión en el oasis del infierno que espera en alguna parte. El infierno siempre llega, pero anoche... anoche no, anoche un ángel guardián me custodió hasta mi casa. El pecado puede esperar.

La rabia

lunes, 28 de octubre de 2013 a las 13:00
Veo que tiene todo lo que yo no tuve. Tiene atención, todas las atenciones por todos los medios que ella desea, un deseo que tú mismo has decidido enarbolar como el tuyo. Pero ese deseo no ha surgido de la nada. Ese deseo surgió de la insatisfacción, del dolor y del abandono que yo sentí durante mucho tiempo. Te veo cubrir las necesidades y el deseo que yo tuve, ahora, en otra persona, y siento rabia.
¿Por qué tuve que ser yo la primera? ¿Por qué no aprendiste junto a mí? ¿Por qué no cambiaste por mí? Todas las preguntas quedan sin responder, en el vacío, haciendo eco entre los abismos que me ha dejado tu recuerdo, tu paso por mi vida, tu huella imborrable.
Elegí un camino cuando todavía estaba aprendiendo a andar; y tener conciencia, aunque latente, ya es motivo de responsabilidad. Esa fue mi elección, este es hoy mi destino. Y, a pesar de todo, cuando echo la vista atrás, no puedo más que sentir el alivio escéptico de quien se sabe afortunada, de quien no ha visto los restos de otros amores tirados en una cuneta, hechos trizas y olvidados. Pero sabe que allí, en algún lugar, yacen. Y yo sigo andando. Con, quizás, algún cadáver en la cuneta, a mis espaldas.

hometown glory

domingo, 27 de octubre de 2013 a las 23:35
En aquella esquina de bar de estación nos sentamos a tomar una cerveza. Yo llevaba un vestido de verano, mi apuesta a todo o nada, una sonrisa en la cara y el corazón en la mano. Hoy, una bici blanca en el lugar en el que alguien dejó de respirar, atropellada, me recuerda el cementerio que es esta calle. En la acera de enfrente te esperé después de tu huida, tu última oportunidad de escapar de mí. Ya te habías ido cuando llegaste, pero a veces crees ver espejismos cuando la sed está a punto de matarte.
Mi vestido en el suelo, junto a mi alegría, pero no tan pisoteado como aquel corazón que te entregué.
Miro esa acera. El beso, el taxi que llamamos corriendo y la pasión que inunda los sentidos pasean por mis brazos, de piel de gallina.
En aquella calle yace nuestro último día, el resto del naufragio, un recordatorio de que a veces eres tú la herida por haber herido a otros. A lo largo de la avenida, mis piernas ansiosas pedaleaban con fuerza. El camino que llevaba a tu casa era mi alegría. Ahora, mis piernas flaquean, te echan de menos cuando la noche es fría. Nadie ocupa ya esa habitación, no hay en el suelo un colchón, ni alguien que me espere y me venga a buscar cuando estoy perdida.
No hay ya dos amantes como nosotros entre esas cuatro paredes, no se cuela la luz de la mañana, tu cara no se ilumina. Ya no recuerdo tus ojos, tu nariz, tus labios. Ya no me ardes al rozarme, cual cerilla. Ya no apagas tus colillas, después de comerme la vida, ni me susurras entre las sábanas. Eres como un fantasma, transparente, invisible, imperceptible, que habita en mi subconsciente.
A veces te recuerdo, recuerdo tus pasos alejándose de mi guarida. Póngame un ron con lágrimas, nuestra bebida favorita. La película fue demasiado corta.
jueves, 19 de septiembre de 2013 a las 0:47
Una noche, te das cuenta de que "lo que pudo ser pero no fue", en realidad, es "lo que pudo ser pero fue para otra". 

Y entonces, te das cuenta de que empiezas a hacerte mayor.

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