martes, 19 de agosto de 2014 a las 1:38
Y si esto era pasar página
Prefiero volver a caer
En el sueño profundo
De una noche de marzo

Allá donde la fábula
Tropieza en tu encanto
Y el príncipe olvida
Que no puede querer

Y yo, alegre y sola
Me marcho cantando
A perder un zapato
Bajo tu atardecer

Pero no está tu gato
Y sin ti me resbalo
No vas a ser tú
Quien me enfunde los pies

Aún sigo soñando
Que un día lejano
Una noche, tal vez
Escribirás con tu mano

A la luz de la luna
Con el fin de los años
El inicio, la ternura
Que promete un The End


objeto de deseo

jueves, 31 de julio de 2014 a las 1:41
Lo miré con la fuerza iracunda de quien desea ganar a toda costa, de quien prefiere morir ahogado de ambición a vivir en la mediocre superficie. Lo miré y su piel brillaba como un lingote de oro ante mis ojos: curtida, oscura, perfecta. Lo quería, lo ansiaba, se lo robaría a aquella mujer que osara llevarlo del brazo sin mi permiso: era mío, estaba hecho para mí, no podía pertenecer a nadie más. Él sería capaz de cargar con todas mis manías y secretos y guardarlos con celo, lejos de manos ajenas. Confiaba en ello.

Así que un día no pude aguantar más: lo agarré en volandas y me encerré en el probador con él. Juntos, ante el espejo, formábamos la estampa más bella jamás creada. Estaba alarmado, pero lo solucioné rápido con la gracia de un imán. Cinco minutos después, huimos y nos perdimos entre la multitud de la calle.

Me voy, me fui

miércoles, 23 de julio de 2014 a las 1:06
Yo me había perdido siguiendo a Nacho Vegas, y en el camino me encontré a otro poeta. O me encontró él a mí. Sea como sea, cavamos nuestra zanja, las manos llenas de tierra, el humo de los cigarros al amanecer... y las flores que me guiaron, las flores del mal, ya siempre harán perdurar su fragancia en mi memoria. La dulzura de las espinas ha dejado cicatrices que nadie puede ver. Douce. Háblame en francés, espérame en la habitación del motel más cutre, en la mesa más al fondo del peor tugurio. Te seguiré buscando en las horas oscuras para perderte con las primeras luces. Y solo deseo alargar los minutos entre las sábanas para dejarme atravesar de nuevo por tu fantasma. Después te volverás a desvanecer. Sigamos acumulando kilómetros y años y encontrémonos de viejos, en un banco, para confesarnos cómo hubiera sido todo si hubiésemos querido: tú a mí, y yo a ti. Me despojo del apellido que me ha acompañado desde que nació mi memoria y el lastre flota en el aire como una pluma. Volaremos lejos. Tenemos el infinito. Un poco de física y un poco de casualidad. Quizás, algún día. Quizás.
viernes, 13 de junio de 2014 a las 2:21
Tengo una munición inagotable. Balas de agua, relucientes y saladas. A veces aprieto el gatillo de mi tristeza. Más de un sentimiento ha caído. Pequeño, mediano, grande, no importa. Y lo más curioso es que siempre acabo yo herida. Y la sal escuece.

Sin identidad

martes, 27 de mayo de 2014 a las 22:57
Hace tiempo leí una entrevista a una directiva de Twitter -si no recuerdo mal- en la que anunciaba que se tomaba un tiempo sabático. No era porque estuviese cansada, ni le fuera mal el trabajo. Simplemente, había perdido su identidad. Se había pasado tanto tiempo respondiendo al nombre de Fulanita de Twitter, o Fulanita de Yahoo (su trabajo previo), que había dejado de ser Fulanita con sus apellidos. 

Hace unos meses que empecé a trabajar, compaginándolo con mis estudios. Y estoy agotada: es la verdad. Yo he elegido mi camino, pero es difícil a veces caminar cuando no sabes quién eres. Me he pasado, como la mayoría de mi generación, toda la vida siendo una estudiante. Para algunos quizás solo sea una condición temporal, fácil de separar de la propia identidad. Pero otros nos hemos tomado tan en serio el papel durante estos años -durante toda la vida- que ahora, al acabar y lanzarnos a esa piscina que es la vida de no-estudiante, es como si nos perdiéramos en el limbo. ¿Qué somos?

Imagino que hace años les pasaba lo mismo a nuestros padres, o a aquellos que marcaron la primera línea de estudiantes en la familia. Pero no, no era lo mismo. Eran otros tiempos, en todos los sentidos y con sus circunstancias. Las nuestras, hoy, tienen que ver con un entorno digital. Estamos presentes en numerosas redes sociales. Sí, somos un nombre y apellidos con foto en Facebook, twit en Twitter, currículum  en Linkedin. Pero ¿qué es todo eso? Y es más, ¿qué seríamos en la vida real si no existiera Internet? Para algunos es complicado imaginarlo: Internet es una extensión de nuestro cuerpo. 

Hemos entablado amistades y amores por internet, los hemos mantenido, los hemos roto. Nos miramos en la pantalla como si fuera un espejo pero, igual que en éste, no podemos vernos tal y como somos. Existe una cierta distorsión. Una vez leí que cada vez que te mirabas en un espejo, perdías un pedacito de alma. ¿Nos queda algo? ¿Seríamos capaces de ser nosotros mismos, de recuperar nuestra identidad, lejos de pantallas?

Me apetece averiguarlo.
sábado, 24 de mayo de 2014 a las 1:29
Paciencia.
Afecto.
Espacio.
Tiempo.
La felicidad se escribe en pasado.
domingo, 18 de mayo de 2014 a las 23:43
si hablamos de tu sexo
eras hombre;
si hablamos de tu género,
poesía

te leía con los dedos
la espalda escrita en braile,
historias de amores perros
y primaveras en el aire

y tú te dejabas,
como libro abierto
hoja en blanco, inmaculada,
ansiando que fuera a mancharte

esta noche no hay tinta
que me ampare
ni late la sangre
ahogándose en risa

solo queda el recuerdo,
la memoria empañada;
la esperanza enterrada
de volver a encontrarte

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