La rabia

lunes, 28 de octubre de 2013 a las 13:00
Veo que tiene todo lo que yo no tuve. Tiene atención, todas las atenciones por todos los medios que ella desea, un deseo que tú mismo has decidido enarbolar como el tuyo. Pero ese deseo no ha surgido de la nada. Ese deseo surgió de la insatisfacción, del dolor y del abandono que yo sentí durante mucho tiempo. Te veo cubrir las necesidades y el deseo que yo tuve, ahora, en otra persona, y siento rabia.
¿Por qué tuve que ser yo la primera? ¿Por qué no aprendiste junto a mí? ¿Por qué no cambiaste por mí? Todas las preguntas quedan sin responder, en el vacío, haciendo eco entre los abismos que me ha dejado tu recuerdo, tu paso por mi vida, tu huella imborrable.
Elegí un camino cuando todavía estaba aprendiendo a andar; y tener conciencia, aunque latente, ya es motivo de responsabilidad. Esa fue mi elección, este es hoy mi destino. Y, a pesar de todo, cuando echo la vista atrás, no puedo más que sentir el alivio escéptico de quien se sabe afortunada, de quien no ha visto los restos de otros amores tirados en una cuneta, hechos trizas y olvidados. Pero sabe que allí, en algún lugar, yacen. Y yo sigo andando. Con, quizás, algún cadáver en la cuneta, a mis espaldas.

hometown glory

domingo, 27 de octubre de 2013 a las 23:35
En aquella esquina de bar de estación nos sentamos a tomar una cerveza. Yo llevaba un vestido de verano, mi apuesta a todo o nada, una sonrisa en la cara y el corazón en la mano. Hoy, una bici blanca en el lugar en el que alguien dejó de respirar, atropellada, me recuerda el cementerio que es esta calle. En la acera de enfrente te esperé después de tu huida, tu última oportunidad de escapar de mí. Ya te habías ido cuando llegaste, pero a veces crees ver espejismos cuando la sed está a punto de matarte.
Mi vestido en el suelo, junto a mi alegría, pero no tan pisoteado como aquel corazón que te entregué.
Miro esa acera. El beso, el taxi que llamamos corriendo y la pasión que inunda los sentidos pasean por mis brazos, de piel de gallina.
En aquella calle yace nuestro último día, el resto del naufragio, un recordatorio de que a veces eres tú la herida por haber herido a otros. A lo largo de la avenida, mis piernas ansiosas pedaleaban con fuerza. El camino que llevaba a tu casa era mi alegría. Ahora, mis piernas flaquean, te echan de menos cuando la noche es fría. Nadie ocupa ya esa habitación, no hay en el suelo un colchón, ni alguien que me espere y me venga a buscar cuando estoy perdida.
No hay ya dos amantes como nosotros entre esas cuatro paredes, no se cuela la luz de la mañana, tu cara no se ilumina. Ya no recuerdo tus ojos, tu nariz, tus labios. Ya no me ardes al rozarme, cual cerilla. Ya no apagas tus colillas, después de comerme la vida, ni me susurras entre las sábanas. Eres como un fantasma, transparente, invisible, imperceptible, que habita en mi subconsciente.
A veces te recuerdo, recuerdo tus pasos alejándose de mi guarida. Póngame un ron con lágrimas, nuestra bebida favorita. La película fue demasiado corta.
jueves, 19 de septiembre de 2013 a las 0:47
Una noche, te das cuenta de que "lo que pudo ser pero no fue", en realidad, es "lo que pudo ser pero fue para otra". 

Y entonces, te das cuenta de que empiezas a hacerte mayor.

Miedo

martes, 3 de septiembre de 2013 a las 23:59
Tengo miedo. Siento un miedo atroz al futuro que me espera. Frente a mi, no más lejos de lo que se tarda en caminar durante un día, el camino se abre, como mínimo, en dos. Cualquier opción puede ser buena, cualquiera mala, dependiendo de quién tiene sus expectativas al final, ahí donde se esconde el premio que me animará a seguir adelante y encontrar más bifurcaciones.

Dentro de un día, me tendré que enfrentar a mi propio talento, ese por el que he llorado, envidiado, odiado y al que he defendido a capa y espada mientras lo dejaba acomodarse en un sofá, sin hacer esfuerzos. Tengo miedo de que esa comodidad lo haya dejado débil y flácido para siempre o, al menos, para el momento en el que lo necesito.

Si se comporta, el camino elegido por el talento me llevará a un miedo mayor. Otra bifurcación, más peligrosa y sin vuelta atrás para ninguno de sus caminos. Escoja el que escoja, alguien saldrá ganando, incluida yo, pero sin ser la protagonista. Porque a esta protagonista le puede sobrar talento, pero le faltan otras cosas. Las negociaciones siempre acaban en blanco o negro.

Tengo miedo, un miedo negro, oscuro, como la noche que no estoy viviendo. Un miedo que se me atraganta en un nudo, que me dobla la espalda, que me nubla los sentidos. El miedo continúa siempre. ¿Hasta cuándo seguiré así de muerta? ¿Cuándo empieza la vida?
domingo, 28 de julio de 2013 a las 23:09
Se ganaba la vida cada día para perderla cada noche. Trago a trago, calada a calada, beso a beso. Siempre apuntaba hacia lo más alto para acabar disparando hacia lo más bajo. Éxito o fracaso hacía tiempo que habían perdido su significado.

Marjolein III

jueves, 11 de julio de 2013 a las 13:56
Quería verla con mis propios ojos. Quería saber si el paso de los años había hecho mella en sus cartucheras o si era cierto que las cremas de más de cien euros te mantenían eternamente una cara de veinteañera. Urdí mi plan aquella noche, mirando a oscuras a lo que debería ser el techo, pero imaginando cómo se paseaba Marjolein por delante del despacho de Pat y le lanzaba miraditas. Luego se despedían a la puerta como si nada, pero un campo electromagnético de tensión sexual lanzaba rayos entre un guiño y una despedida rápida con la mano.

Me vestí con la ropa más actual que tenía. Unos vaqueros en color crudo y una blusa en coral. Collar dorado de las rebajas y las únicas sandalias de cuña que tenía. Me pinté los labios y, repeinándome con las manos, salí de casa aferrada a un bolso más grande que mi cafetera Dolce Gusto.

14.30. Aparecí doblando la esquina, justo a tiempo para cazar el momento. Pat y Tobias charlaban con ella a las puertas de la oficina. Los dos apuntaban con todo su cuerpo hacia ella. Bueno, esperaba que no con todo el cuerpo, pero sí con el visible. A ella se la veía visiblemente halagada y su sonrisa blanca de dentista profesional me deslumbraba los ojos. Me paré un instante, dudando de sopetón sobre lo que debía hacer.

Pero era tarde. Pat me vio enseguida. Su semblante cambió: de distraído a sorprendido. Después, enarcó las cejas y sonriendo, me llamó.

- ¡Sara!

Me acerqué, no había vuelta atrás. Pat solo tenía ojos para mí, pero mis ojos se turnaban entre él, Tobias y la mirada indiscreta de Marjolein. Me miraba de arriba abajo y, para mi deleite, su cara dentadura se había apagado en una sonrisa forzada a boca cerrada.

- ¡Hola, cariño!

- ¡Estás preciosa! - dijo. Y deseé con todas mis fuerzas que no preguntara a dónde iba, o por qué me había arreglado tanto. Así que antes de darle tiempo, contesté:

- Gracias. Quería darte una sorpresa... - ¿qué estoy haciendo?, pensé, sin que se me ocurriera una excusa creíble. No era nuestro aniversario, ni había ocurrido nada relevante. Entonces intervino ella.

- ¿Sara? - la miré con la sonrisa enorme, como si fuera un anuncio de su dentista. Congelada. No podía darse cuenta de la tensión que se apoderaba de mi, ella no.

- ¿Marge? ¡Qué fuerte! - seguí a rajatabla la descripción de "cara de sorpresa" que aparecía en mi libro sobre lenguaje corporal y abrí mucho los ojos y moví los brazos. - ¿Qué tal todo? - pregunté.

- ¡Sí! - ella también sonrió sorprendida - Muy bien, estoy visitando a Tobias para un reportaje - miré a Tobias, como si me acabara de enterar de todo - llevamos unos meses saliendo.

- ¡Oh, eso es genial! Me alegro.

- ¿Y tú qué tal? No te había visto nunca por aquí, ¡quién lo diría!

Intenté obviar su comentario de harpía y solo se me ocurrió mirar a Pat y decir:

- Hoy es un día especial...

- ¿En serio? ¡Joder, sí, hoy es nuestro aniversario! - yo lo abracé, entusiasmada. Nos besamos.

Pero mientras lo abrazaba, lo supe: algo estaba ocurriendo. Nuestro aniversario era dentro de cuatro meses.

Marjolein II

martes, 9 de julio de 2013 a las 13:21
Pero, ¿cómo iba a imaginarme que volvería a toparme con ella? No fue deliberado, pero tomé todos los caminos opuestos a los que ella siguió. Mientras ella, con su encanto de portada del Hola y elegancia tediosa a lo Isabel Preysler, había ascendido socialmente ejerciendo de picaflores con los solteros más deseados de la ciudad, yo había mantenido mis ojos y manos fijos en un único hombre.

Patrick había aguantado pacientemente mi lento y pesado ascenso académico. Tardes de sábado en la biblioteca, conversaciones que se asemejaban más a un recital de temario de oposición, notas y flores aplastadas por el cansancio y el estrés. Si mi carrera era una travesía en una barquita a través de un lago, la de Marjolein Waters había sido una excitante carrera en una moto acuática de última generación (abrazada al guapo de turno de suculentos abdominales). Y lo dijo en pasado porque, a pesar de tener menos de 30 años, ella parecía haber vivido las siete vidas de un gato mientras que yo seguía sin acabar de vivir la primera.

- Qué contento vienes hoy a casa, Pat - le dije, con un abrazo rutinario e inquisitivo.

Él le quitó importancia, despojándose de su chaqueta de traje y sus brillantes zapatos.

- Nada, es que ha venido al trabajo la novia de Tobias hoy. Tenías que haberla visto.
- ¿Por qué? ¿Cómo era?
- Una de esas rubias tontas. De todas las novias que le he visto, creo que esta era la que mejor encajaba en su prototipo.
- Uh, esto promete. Cuenta, cuenta.
- Pues al parecer, la chica trabaja en una revista de moda. Ha venido a la oficina porque, ojo, está escribiendo un reportaje sobre los hombres más deseados de la ciudad y no se le ha ocurrido otra cosa que incluir a su novio.
- Menuda cabeza hueca, pero bueno, en ese caso es una rubia tonta y altruista. Va a regalarle su novio a cualquier lectora hambrienta y con posibilidades.
- El caso es que se ha pasado la mañana paseándose por la oficina, preguntándonos las cosas más simples, porque Tobias estaba en la reunión de la nueva campaña para Lotus. Un estrés.

Aquella primera conversación no me dejó intuir el perfume caro de Marjolein. Pero día tras día, sin apenas darme cuenta, su recuerdo se fue colando en casa con cada sonrisa de Patrick. Su recuerdo, fresco y dulce como un perfume floral para él pero pesado y dulzón para mí, como los que utilizan esas mujeres extravagantes para hacer que los hombres se giren a su paso.

Todo encajó una tarde de miércoles. Un miércoles cualquiera. Patrick pronunció su nombre, y sentí como Marjolein se colaba sigilosamente en el espacio que había entre él y yo.Aquel miércoles. Un mero espacio entre lunes y viernes, pero que amenazaba con dejar vacío mi fin de semana, mi lunes, mis noches...

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