martes, 21 de abril de 2015 a las 4:37
te veo en la mirada de otra gente de pupilas limpias y te escucho en las risas ajenas que me ponen a bailar el corazón. te siento en el andar áspero del gato que caza pájaros que no saben volar. te huelo en esos bares que flotan en la neblina olvidadiza del tabaco y te saboreo en la avidez eléctrica que recorre los cuerpos cuando se atraen como imanes. pero sigue faltándome un sexto sentido para entender por qué no te encuentro aunque sé dónde estás.
lunes, 20 de abril de 2015 a las 1:17
Yo era una jodida fugitiva. No tengo claro si más jodida que fugitiva, o al revés. Pero ambas condiciones se perseguían la una a la otra y al final acabé escondiéndome en su guarida, un espacio lleno de luz en mitad de la noche. No sé por qué no lo he olvidado después de tanto tiempo, del paso de los años y el roce de los cuerpos y el desgaste de los labios. La claridad se colaba en su cama sin miramientos, cruda, desde aquella ventanita carcelaria junto al techo abovedado. Yo no necesitaba ver las estrellas desde allí, el me hacía verlas, me hacía reclamarlas con cada grito, con cada gemido, con cada suspiro inconsciente. El alargaba sus manos hacia mí y yo las alargaba hacia el futuro, para arrastrarme atrás en el tiempo cada vez que me sintiera miserable y vacía. Y para recordar que hubo momentos en los que me sentí llena, sentí que iba a explotar, ya no sé si de placer, de amor, de locura o de estupidez. Sospecho que de todo a la vez. Él entraba dentro de mí y yo solo deseaba encerrarlo allí dentro, empujarlo dentro de mi jaula, empotrarlo contra mis límites hasta que se me quedase toda la piel marcada con sus arañazos, sus huellas dactilares, sus mordiscos, su saliva. ¿Qué hacer cuando me arrastra el pasado pero no puedo traerlo al presente?
miércoles, 15 de abril de 2015 a las 5:03
POETA.

no eran sus afilados versos 
disparados al corazón
ni esa mano suave y entrenada
en rimar los finales 
del deseo contradictorio.

no eran sus cigarros estrechos,
ni sus heridas de arpón
ni la mirada dulce y fiera
del amor catastrófico
que se asomaba en la espera.

era flotar sobre un colchón,
era brillar en su ausencia
era follarnos la razón
lo que me hizo sirena

de aquel náufrago poeta.
a las 5:02
GATUNO.

el mejor de mis errores
no luce en tinta
sobre papel
es un recuerdo tenue
pero indeleble,
marcado en mi piel

mirarme al espejo
es retroceder
al tiempo en tu lecho
y volver a temer
esos ojos de gato

que ya no me ven.
miércoles, 24 de diciembre de 2014 a las 1:02
El invierno trae consigo una nostalgia familiar, amarillenta, como de luz de farola despierta en la noche. Es ley que haga frío cada diciembre aquí. Y que te preguntes qué habrá sido de aquellos cielos que se fundían con el mar en tiempos pasados y en lugares por donde no pasa el tiempo. Hay escondrijos que esquivan el baile de las estaciones y te encandilan con veranos interminables, tan solo hace falta echar unas horas atrás las manecillas del reloj. Pero aquí, ahora, donde es siempre (demasiado) tarde, sabemos que nada es eterno. Y que en las calles sembradas de farolas, cuando la ciudad duerme, retumban todos los pasos que se alejan. ¿Hacia dónde? Quién sabe. Quizás a otro de esos lugares perennes al paso de los años. O quizás, simplemente, al olvido.
lunes, 15 de diciembre de 2014 a las 1:34
- Lleva un Thierry Miller.
- Mugler, será Mugler - dije desde detrás de mi copa de vino autoservida.
De puertas adentro ocurría todo. Los privilegiados podían probar a tiempo real el jamón ibérico y el queso manchego, después recrearse en el ostentoso solomillo adornado con una ridícula zanahoria, y finalmente morir de gula con la bomba de chocolate y avellana que aguardaba para el postre. Más tarde, en la moviola, nos tocaría a nosotros. Pero primero había que retransmitir desde el pequeño chiringuito montado fuera del salón. Y, por supuesto, la comida era lo de menos.
De vez en cuando aparecía algún alto cargo desorientado y me preguntaba dónde estaba el baño.
- Uy, la verdad es que no lo sé - decía yo, intentando que mi sonrisa conjuntara con mis pendientes de brillantitos de marca blanca.
Cuando las mujeres y los hombres de negocios se trasladaron a la terraza, guiados por los beats atronadores de un DJ jovenzuelo que bebía Mahou junto a su mesa de pezclas Pioneer, ocupamos sus lugares. Inspeccioné el puro Monterrey con el que me obsequiaba la casa.
- A mí estos no me gustan mucho - me dijo el fotógrafo sentado a mi izquierda.
- Yo la última vez que fumé de esto, me dio vomitera - dijo el técnico, un poco más allá.
- ¿Fumar un puro te puede hacer vomitar? - pregunté, inocente e incrédula.
Ellos asintieron con conocimiento de causa, y yo me fié: quién mejor sabría de puros habanos que los propios cubanos. 
Yo, en cambio, ¿qué preciado saber guardaba? Miré el plato de serrano y manchego en el centro de la mesa, relegado a la marginación por un segundo de solomillo. La camarera deambulaba peligrosamente cerca. 
- ¿No os importará que me coma el jamón, verdad?
- Adelante, adelante. Esta noche eres nuestra chica - me dijo con una sonrisa paternal el periodista de mi derecha.
Enrollé, rauda, las lonchitas del manjar español en un palito de pan. No había acabado de degustarlas cuando la camarera, cual buitre hambriento, se lanzó en picado hacia el aperitivo y levantó los triángulos de queso de la mesa, llevándolos hacia un destino fatal.
- Qué pecado - dije.

carta a ninguna parte

miércoles, 19 de noviembre de 2014 a las 5:55
Los dos vais a ser felices. No sé cuánto tardaréis en sellar lo vuestro, igual que yo aún no sello esta carta sin destinatario. Dentro, solo un mensaje: la página que he pasado en algún momento. Decidí que era hora de dejar de compadecerme de un pasado que ya no puedo cambiar, y ocuparme del futuro. De verdad. Sin ti en el horizonte, donde estuviste desde que te conocí. La casualidad de mi vida.

Digo adiós como lo digo últimamente, desde que me hice adulta: en silencio. Me voy sin mirar atrás, sin dejar rastro. Encontrarás aquella parcela verde que te guardaba en mi corazón vacía. Solo crecen flores allí, y lo sabes. Sobre el cadáver brota la vida. Allí esta la tumba de un amor que construimos sobre ruinas. El escondite donde me derrumbé tantas noches, esperando un ideal que no existía.

Prefiero no recordar las horas perdidas, los celos irracionales, la soledad de la pareja ausente. Prefiero olvidar los versos de Quique, las sonrisas embelesadas, la adolescencia del veinteañero que todavía eres. Por poco tiempo. Los dos vais a ser felices, como lo sois ahora. Y un día caminaréis lejos hacia una vida que un día soñé para mí, sola, en mi cama. Es mejor soñar la vida con quien compartes la sábana.

Yo lo sigo intentando, pero nunca recuerdo nada. Mala memoria, inconformismo, o la mediocridad que me tiene atada. Sea como sea, ya no es asunto tuyo. Ahora tienes a otra persona en casa. Otra persona. Y casa. ¿Recuerdas la última vez que intentaste besarme? Yo tampoco. Dicen que es un mecanismo para superar los traumas, yo lo llamo... pasar página.

Y si un día despiertas y el sueño te sabe a pesadilla, recuérdame. Acuérdate de mí, e inténtalo de nuevo. Quizás siga esperando a que me hagas todo lo feliz que pudiste hacerme hace tiempo. Todo lo que no pudiste hacerla a ella. Quizás siga esperando a que me recojas en una estación de Suecia. Y a que no vuelvas a irte de mi lado. O quizás sea tarde para construir en nuestra parcela. Quizás ya sea todo historia. Y aquellos acordes de guitarra sobre la arena... bajo las estrellas.

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