agua

miércoles, 12 de noviembre de 2014 a las 2:44
De los días en la playa,
las noches en el agua
esperando al olvido,
poco a poco, sin querer
yo me oxido.

Tenue desgaste,
el del barco hundido
que un día soltó lastre
sin haber medido
la magnitud del desastre.

Y yo aquí sigo,
soñando contigo,
nadando sin causa
y sin ver un final;
perdida en el agua.
lunes, 3 de noviembre de 2014 a las 7:06
Quiero escribir tus noches en blanco con mi letra. Con la peor caligrafía posible, el carbón emborronado, como si te contara mis penas después de una noche de champán y sonrisas burbujeantes. Quiero dejarte mi huella de carmín en la copa, las cenizas esparcidas en la mesilla, mi ropa vistiendo tu silla. Y cuando se te cuele la luz por la ventana y acaricies tus sábanas, recuerdes que lo nuestro es más que palabras.

motel

sábado, 1 de noviembre de 2014 a las 23:20
Me llevó a un motel de ciudad escondido en el centro. Era de madrugada y nos atendió un señor bajito, con batín y pantuflas. Solo tenía cuatro años más que yo, pero parecía que llevaba haciendo aquello mucho tiempo. Quizás lo aprendió en otra vida, rodeado de cortesanas y vino. Me relamí los labios manchados de tinto agrio. El dueño del hospedaje tampoco pareció inmutarse ante la espontánea petición. Las escaleras de caracol nos llevaron a una habitación pequeña y mal iluminada, con algunos artículos de baño que habían dejado otros inquilinos efímeros como nosotros. La cama crujía, y preferí ignorar la experiencia que acumularían sus muelles. En cambio, fui consciente de la experiencia que soportaban mis huesos, apenas responsable de una fisura, ni un arañazo. Frente al espejo me di cuenta de que el tiempo había no había pasado en vano, ni por su cuerpo ni por mi mente. Pero seguíamos igual de lejos.


El barrio

martes, 9 de septiembre de 2014 a las 2:41
Manu apura la última calada entrecerrando los ojos, lentamente. El extremo del porro se ilumina como un semáforo en rojo: prohibido atropellar ese momento de tensa calma. Sus turbios pensamientos abrazan el oleaje de oxígeno aliñado con veneno, y decenas de gotas saladas salpican las interminables piernas de Lucía. Manu imagina la espuma evaporándose sobre los muslos dorados de la chica que habla por el móvil frente a él. Algunos mechones castaños se derraman sobre su espalda. Continúa recorriendo con la vista su silueta de adolescente hasta el suelo, donde la colilla que acaba de pisar yace a sus pies. Solo es otra mancha negra, indistinguible entre la suciedad que asfalta ese paseo, entre el sinfín de polvo que ha ido cubriendo el barrio con los años hasta ensombrecer incluso su cielo azul. Lucía no se había despegado del móvil en toda la tarde, pero Carlos llevaba una china de diversión en el bolsillo para escapar del tedio de septiembre.

No quedaban muchos días para volver a la rutina de siempre. Madrugar, sentarse en el pupitre y rellenar páginas pautadas copiando lo que decían cuatro libros hasta ganar un aprobado varios meses después. Pero su vida era lo que quedaba fuera de aquellos libros. ¿Qué necesidad había de estudiar las vidas de otros cuando estaba escribiendo la suya propia? Cuando podía elegir a la chica protagonista de entre muchas candidatas, hacer que sus amigos cometieran locuras como si dispusiera de una varita mágica e incluso quemar la página con el fuego de su mechero si no le gustaba el resultado. La vida era lo que ocurría al sonar la campana y dejar la mochila en casa, al bajar al banco del parque y reunirse con Carlos, con Damián, con Luis o Álex. Cualquiera quería sentarse a su lado.

Y él prefería aquel banco a la mesa del salón donde cenaba cada noche, acompañado ocasionalmente. Su madre llegaba tarde de la peluquería donde se mataba a trabajar, y al llegar solo le apetecía comer algo preparado, ver la tele y dormir. No recordaba la última vez que había visto a su padre, quizás dos semanas. A mamá no le gustaba que fumase pero a él le parecía una incoherencia que su madre intentara prohibirle algo que hacía a todas horas. Al salir de casa, al salir del instituto, podía tocar lo que tanto ansiaba: libertad. ¿No se daban cuenta los adultos de que las jaulas solo servían para mantener a las bestias así, como bestias?

Carlos tenía la mirada perdida en la esquina de la calle. Una chica que no conocían la había girado y ahora cruzaba el paso de cebra hacia ellos. "Hasta luego", le dijo. Lucía seguía sin hacer ni puto caso y se iba a hacer la hora de volver a casa. La chica ni lo miró, también andaba absorta en su móvil. ¿Es que ninguna podía hacerle caso? ¿No podían dejar el móvil para otro momento? "¡Fea!", añadió, siguiéndola con la vista. Para su sorpresa, la chica le soltó un "gilipollas". Manu levantó la vista y rápidamente le contestó: "¡Tus muertos!".  Ninguna fea iba a insultar a su amigo e irse de rositas. Por eso todos querían estar con él, por eso Manu era el mejor amigo de sus amigos: los protegía a la vez que podía contar con ellos para lo que quisiera. Pero el telón de la noche cubrió la tarde y otra vez tenía que volver a casa, a cenar algo recalentado al microondas. Y a aguantar otra mañana...
martes, 19 de agosto de 2014 a las 1:38
Y si esto era pasar página
Prefiero volver a caer
En el sueño profundo
De una noche de marzo

Allá donde la fábula
Tropieza en tu encanto
Y el príncipe olvida
Que no puede querer

Y yo, alegre y sola
Me marcho cantando
A perder un zapato
Bajo tu atardecer

Pero no está tu gato
Y sin ti me resbalo
No vas a ser tú
Quien me enfunde los pies

Aún sigo soñando
Que un día lejano
Una noche, tal vez
Escribirás con tu mano

A la luz de la luna
Con el fin de los años
El inicio, la ternura
Que promete un The End


objeto de deseo

jueves, 31 de julio de 2014 a las 1:41
Lo miré con la fuerza iracunda de quien desea ganar a toda costa, de quien prefiere morir ahogado de ambición a vivir en la mediocre superficie. Lo miré y su piel brillaba como un lingote de oro ante mis ojos: curtida, oscura, perfecta. Lo quería, lo ansiaba, se lo robaría a aquella mujer que osara llevarlo del brazo sin mi permiso: era mío, estaba hecho para mí, no podía pertenecer a nadie más. Él sería capaz de cargar con todas mis manías y secretos y guardarlos con celo, lejos de manos ajenas. Confiaba en ello.

Así que un día no pude aguantar más: lo agarré en volandas y me encerré en el probador con él. Juntos, ante el espejo, formábamos la estampa más bella jamás creada. Estaba alarmado, pero lo solucioné rápido con la gracia de un imán. Cinco minutos después, huimos y nos perdimos entre la multitud de la calle.

Me voy, me fui

miércoles, 23 de julio de 2014 a las 1:06
Yo me había perdido siguiendo a Nacho Vegas, y en el camino me encontré a otro poeta. O me encontró él a mí. Sea como sea, cavamos nuestra zanja, las manos llenas de tierra, el humo de los cigarros al amanecer... y las flores que me guiaron, las flores del mal, ya siempre harán perdurar su fragancia en mi memoria. La dulzura de las espinas ha dejado cicatrices que nadie puede ver. Douce. Háblame en francés, espérame en la habitación del motel más cutre, en la mesa más al fondo del peor tugurio. Te seguiré buscando en las horas oscuras para perderte con las primeras luces. Y solo deseo alargar los minutos entre las sábanas para dejarme atravesar de nuevo por tu fantasma. Después te volverás a desvanecer. Sigamos acumulando kilómetros y años y encontrémonos de viejos, en un banco, para confesarnos cómo hubiera sido todo si hubiésemos querido: tú a mí, y yo a ti. Me despojo del apellido que me ha acompañado desde que nació mi memoria y el lastre flota en el aire como una pluma. Volaremos lejos. Tenemos el infinito. Un poco de física y un poco de casualidad. Quizás, algún día. Quizás.

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